Inicios in-evitables

ROSA MOLINA Lí PEZ · Madrid 

Ya nada es igual. Ahora, para ser abogado, debo ganarme previamente el respeto y la confianza de mi cliente. Por ejemplo, ayer, estrecho la mano de mi defendido, Hola soy su abogado de oficio, me presento. Silencio. El sudor, su perfume caro de camello barriobajero, el sonido de sus deportivas, sus movimientos nerviosos: mil evidencias de culpabilidad sólo visibles sin ojos. Saco el informe del cartapacio, deslizo mis dedos. Está acusado de sustraer 1500 kilos de plomo… Perdone compadre, me interrumpe, pero usted es ciego, y eso siendo abogado… Bueno, usted es gitano, y eso estando acusado… Sí, pero veo… ¡No verá mucho cuando cayó con la furgoneta, ciego de alcohol, en un socavón de la M30! KO. Silencio. ¡¨Me libraré de esta?, dice. Tranquilo, sus nietos no heredarán su condena, respondo. ¡Cuánta paciencia y vocación! Desde que perdí la vista, los mismos inicios. Empecemos, cuéntemelo todo…

 

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