Ajústese la dentadura, padre

MIGUEL ÁNGEL PÉREZ ABOITIZ · Berlín 

– ¡Tío plomo! –interrumpió el anciano desde su silla de ruedas. El abogado desvió la mirada hacia un cartapacio buscando la paciencia que le faltaba. – ¡¡Socavón, Socavón!! – Ignórele, señor abogado. Padre, ¡tranquilícese y ajústese la dentadura! Mi padre acumula denuncias por injurias… – ¡Camello, anarquizta! – Por favor, ¡padre! En tono confidencial el letrado prosiguió con voz queda: – Legalmente hablando no ha de preocuparse –el abogado se rascó una oreja mientras elegía las palabras antes de proseguir–: estamos ante un caso de demencia senil e incapacidad. – ¡Picapleiztos! El abogado se limpió el sudor con el dorso de la mano mientras se levantaba presto a despedirles ofreciendo una tarjeta de visita: – Aquí le ayudarán –sonrió forzadamente y franqueó la puerta. La mujer salió empujando veloz la silla mientras su padre gritaba acalorado: –¡¡Socavón!! ¡¡Listillo!!¡Otro más que se ezcaquea!

 

 

 

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