Imagen de perfilEl abogado del diablo

Sabrina Berdejo 

Cuando Lucio de Palma estudiaba abogacía se dio cuenta de que poseía un don. El don de las leyes. Sabía con exactitud como usarlas para conseguir justo lo que quería. Las manejaba a su antojo. Los mejores bufetes del país se lo rifaban. Empezar así su carrera fue algo muy dulce. Pero con el pasar de los años y tras ejercer en diferentes firmas, Lucio se iba amargando. Se sentía tan fuera de lugar como el niño superdotado en un aula de niños normales. Apático y asqueado dejó la abogacía. Comenzó a vivir por las noches y bajó a sus infiernos. Conoció a Melquiades, el mayor embaucador del mundo. Un animal de los negocios con muy mala reputación. Le costó muy poco convencer a Lucio para que representara todo su legado. Ganar para él se convirtió en un reto. Por fin había encontrado su sitio. Ahora era abogado del diablo.

 

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