Imagen de perfilEL ÚLTIMO PAPEL

Domingo Funes Arjona 

Dejó caer el expediente sobre la mesa con inusitado desdén, como si me estuviera escupiendo. No parecía mostrar mucho respeto por aquel polvoriento legajo. Tampoco me extraña; él llegó a este mundo de la abogacía cuando hacía décadas que lo electrónico había impuesto su ley a sangre y fuego y las humanidades en los currículos solo eran un lejano recuerdo. Embutido en su elegante traje de lana azul, destilaba el olor mismo de la traición. Mientras se alejaba, con aquel caminar petulante, como un pavo real orgulloso, deshice con mimo los viejos nudos del ajado cordel que mal sujetaba aquellas tapas de cartón. Al abrirlas tuve la misma sensación culpable y sucia de aquel que viola las más preciosa intimidad. Y allí estaba él, amarillento, pero aún noble y terso; allí estaba el último papel.

 

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