VISITA NOCTURNA

JOSE VICENTE PEREZ BRIS · BILBAO 

La primera vez que apareció, recordé mis tiempos de monaguillo, cuando disfrutaba torturándolos en el patio trasero de la iglesia. Ha llovido mucho desde entonces y ningún paraguas ha evitado la fina lluvia de corrupción que me cala, poco a poco. Ahora se presenta cada noche, manchando la cristalera con su aliento fétido, aguardando en la oscuridad. Mientras, sigo preparando el interrogatorio a que seré sometido mañana por el juez. Me esmeraré como nunca, pese a que todos saben que soy culpable y que envié a la muerte a mi defendida. Si el tribunal la declara inocente, habré expiado mi pecado. Si ella no muere, yo tampoco. Le oigo acercarse. Lentamente, como siempre. Puntual a su cita. Hoy le atrae el olor nauseabundo de la sardina depositada en la baranda. Solo que esta vez le esperaré preparado, con la navaja abierta para acallar la maldita conciencia de ojos ambarinos.

 

 

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