Ruleta

Javier Mariscal Crevoisier · Lima (Perú) 

El acusado vocifera, gesticula: se desespera. La defensa pela una mandarina. El juez bosteza. El público, adormecido, tira sus apuestas sobre la muerte que será impuesta, sin pasión, sin prisas. En el fondo suenan las campanas de la obertura 1812. Un enorme Dalí corona la bóveda del juzgado, un lánguido reloj se derrite en lo alto de una columna. Soy el fiscal. No hay más sorpresas que las que ofrece la ruleta. Las formas de morir son escasas: veneno en parches, horca, ultrasonido letal. Esta época es absurda. Nadie quiere recordar, pero todos temen. Todos sabemos que al nacer nos expiden la fecha de vencimiento. Nos señalan el día de la muerte. De nada valen, entonces, estos juicios: pero hay, siempre, quien tiene ínfulas de revolucionario, y quiere rompernos el status quo en la cabeza. Se terminó el tiempo de alocución del acusado. Y yo giro la ruleta.

 

 

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