Humo y carmín

Luis Miguel Helguera San José · Valladolid 

«Tengo la sensación de que usted y yo ya nos conocemos». Apagó el cigarrillo contra una columna de los juzgados mientras me echaba el humo en los ojos. Abrió su bolso y me entregó una fotografía sepia de una vieja Kodak Motormatic. Por detrás, una breve dedicatoria. Una felicitación. Una firma. Portofino 1976. Sonreí, vive Dios que sonreí. Las campanas de San Salvatore daban las doce con más pena que gloria. «… Acabáramos… ¿cuánto quiere?». Su abogado comenzó a pelar una mandarina mientras me examinaba por encima de las gafas. «No se ofenda; el problema no es cuánto sino, diríamos… esa fecha de vencimiento… y conducir todo este asunto con discreción, naturalmente. Es conveniente, entre caballeros…». Lo interrumpí de un puñetazo en el mentón. Rompí en pedazos la fotografía y los tiré sobre su cara. «Si me disculpan». Luego pedí un taxi al aeropuerto, mientras ella se encendía otro Sobranie.

 

 

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