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Ester Bellera Fondevilla · Lleida 

Estaba anocheciendo ya. La lectura de doctrina sobre el indulto que había recopilado sobre mi mesa me había dejado absorto y las últimas horas pasaron totalmente inadvertidas para mí. Aquel caso era de aquellos que me hacían recordar por qué de joven había decidido cursar derecho.
Hacía una semana que estaba dedicado a ello con cuerpo y alma y esperaba encarecidamente que la suspensión solicitada por la otra parte no fuera admitida. Tenía ganas de acabar con el proceso ya que la previsión del mismo no era para nada desfavorable a mi cliente. Pese a ello, el esfuerzo dedicado al mismo valía la pena, no sólo porque el asunto era de vital importancia para mi cliente y para mi carrera, sino porque de ningún modo, quería quedar en evidencia ante él, sobretodo porque fue mi profesor de derecho penal y con sus apasionadas enseñanzas me inclinó a dedicarme a esta disciplina.

 

 

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