Razón tenía

Javier Fernández Granda · Salas 

Con frecuencia mi esposa insistía en que debíamos cambiar de bufete, ya que el cenutrio que nos había tocado en suerte no acertaba ni con mira de precisión. De nada sirvió la ofrenda a la Virgen del Pino… Del lío con mi socio, al muy cabrito sólo se le ocurrió presentar como prueba en el juicio la fotografía que yo había hecho de su mujer en pleno acoplamiento con el jardinero de la urbanización, pese a advertirle que ni se le ocurriera sacarla a relucir. Para más coña el tío pedía el sobreseimiento de mi parte en la cuestión a causa de que estaba ebrio cuando yacía con la esposa de mi socio. Su argumento no pudo ser más eficaz. Se fue todo al garete, pese a haberle advertido. Mi mujer sí ha sabido buscar un buen abogado para exigir su parte de los gananciales… Porca miseria!

 

 

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