Prueba asesina

María Dolores Rubio de Medina · Sevilla 

“Señoras y señores del Jurado, no les quepa duda, hubo difunto y funeral donde la ciudad toda alabó la hermosa ofrenda floral enviada por el acusado, pero en esta venerable Sala no hay asesino. El día de autos mi defendido estaba en otro país”. Teatral, mostré las pruebas alzándolas de una en una sobre mi cabeza: “Dos billetes de avión, la reserva de tres noches de hotel, una fotografía del acusado besándose con una dama rubia, al fondo verán ustedes la Torre Eiffel”. Giré la última prueba para que entrara en el ángulo visual del Juez. Se le fueron los colores y supe que no me quedaba tiempo para rematar mi argumento solicitando el sobreseimiento de la causa. Su Señoría, blanco, más tarde escarlata, se secó las gotas de sudor con las puñetas y se desplomó sobre la maza con sus últimas palabras: “mi mujer”.

 

 

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