Nunca murió

Victoria Eugenia Muñoz Solano · Málaga 

No me gustan las cacerías. A mi jefe, abogado con el que estaba haciendo mi pasantía, le apasionaba matar pichones; por eso aprovechamos para salir al campo cuando empezó la huelga de jueces. Mientras él estaba esperando apostado entre los matorrales, yo salí a dar una vuelta para no ver cómo acometía a perdigonazos a los inocentes pajarillos. Entre la hojarasca, vislumbré un legajo húmedo y amarillento que decía: “Espero que me seas favorable al hallar este documento y digas a mi familia que me encuentro vivo. Me refugio en una cueva”.Mi sorpresa fue aún mayor cuando leí la firma. -Federico García Lorca. Más tarde localicé la gruta. En ella había restos de una hoguera y papeles escritos por el suelo. Al tiempo que me temblaba la mano cogí uno y leí: -“ Esta es mi última poesía antes de partir a Buenos Aires”. Estaba claro… ..Federico nunca murió.

 

 

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