Super-Abogado

Sergio Quesada Damas · Arganda del Rey (Madrid) 

Durante la visita que hicimos con la universidad al Juzgado de Instrucción ocurrió algo que cambió mi vida. Al entrar, uno de los abogados tropezó con mi mochila y, enfurecido, se abalanzó sobre mí. Cuando aquel tipo me mordió, me transfirió todos sus poderes. Desde entonces, antes de hablar siempre digo: con la venia señoría. Mi mente se encierra en una burbuja donde solo caben leyes, acusados, decretos… El café es mi compañero y paso el tiempo buscando coartadas. Cada noche, me enfundo mi traje oscuro con camisa lisa y corbata a rayas y salgo con mi maletín en busca de nuevos casos. Sé que este gran poder supone una gran responsabilidad. Pero ayer, cuando esa joven me abordó en la calle para hacerme una encuesta, al coger su bolígrafo rojo, sentí como mi cuerpo se desplomaba. Descubrí entonces, que como todo superhombre, también tenía mi punto débil.

 

 

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