Manos sin caras

Carlos Enrique Rodrigo · Toledo 

El conjunto de la población está consternado- dijo el ampuloso comentarista. Alberto oía distraídamente las noticias de la sempiterna crisis por la radio mientras esperaba que se cambiara el disco del semáforo. Sabía que quedaban tres segundos para que la esponja amarilla y rebosante de jabón llegara puntual a la cita mañanera con la luna de su flamante deportivo. Ahí estaba, arriba y abajo, la mano poderosa y crispada, enjabonando, limpiando y secando, tan veloz como precisa. “Como nueva, como si no hubiera cristal”- se dijo a sí mismo. Bajó la ventanilla y cumplió con el ritual autómata de dar un euro a la mano sin cara, prosiguiendo camino hacia la Audiencia. Ya en el juicio, repasó el alegato con su compañero de bufete. Estuvo conciso y brillante. Al finalizar una mano se le acercó para felicitarle. No pudo evitar darle un euro. Mañana empieza el juicio por soborno.

 

 

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