Justicia Barataria

Benedicto Torres Caballer · Valencia 

–Cerero contra capellán –anunció el alguacil. –¡Justicia, gobernador! –dijo el cerero–. Tiempo ha vendí novecientos cirios al cura, que pagándome parte argumentó no tener el diámetro acordado, y Dios y veedores del oficio me asistan para demostrar tamaña falsedad. Primero, concedí rebaja mediante engañifas ofreciéndome boletos para rifas del convento, luego, considerose eximido de toda deuda por un jamón ganado. «¡Con la Iglesia hemos topado!» –pensó Sancho–. ¡Turno del capellán! –¡Ausente! –dijeron. –Paréceme que en este pleito no ha de haber largas dilaciones pues, con parte cobrada y aceptando tan suculento desquite nada baladí, colijo codicia en el negocio de vuesa merced; considérese, pues, la deuda como justo donativo –concluyó Sancho–… ¡Siguiente! –Molinero contra loco –pregonó el alguacil. –¡Señor, justicia! Un loco, casi matándose, desgarró mi molino asegurando romper una lanza en favor mío. ¡Veinte reales de estropicio! –Avisad al demandado… ¡Señor don Quijote! –dijo sorprendido Sancho.

 

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