El nuevo

Lidia San Miguel · Burgos 

Había rumores de que ese juzgado era una burbuja, nadie entraba y el que salía era por fuerza mayor. No había peor puesto que el de sustituir allí al juez de instrucción jubilado obligatoriamente. Llegué el primer día en bicicleta, con mochila al hombro y el primer comentario fue: “¡nos ha tocado el hippy!”. Mi secretaria con desgana me enseñó el edificio. En la sala de descanso vi en la pared una porra en la apostaban cuanto tiempo iba a durar en mi puesto antes de pedir un traslado, el plazo máximo era tres meses. Mi guía, sin vergüenza, comentó: “nos gusta hacer una encuesta de vez en cuando”. Cuando llegó la hora del café los trabajadores descubrieron junto a la porra el decreto contra el juego clandestino, un billete de cinco euros y mi apuesta al final del documento: JUEZ………… 5 EUROS……… HASTA LOS 65 AÑOS

 

 

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