Amigo Bob

Vicente Küster Santa-Cruz · Valencia 

Mi mujer lanzó un beso de despedida desde la ventanilla del coche y me dejó al cargo de los niños. Eran las ocho de la tarde y tenía que preparar un juicio importante para el día siguiente. Mientras meditaba la estrategia de defensa que más convenía a mi cliente, gestor de un conjunto de sociedades, Diego y Alex veían la televisión. Decidí hacer un alto y ver con ellos Bob Esponja, su serie preferida. Estuvimos un buen rato, hasta que los acosté y retomé el trabajo. Era mi primer semestre en el bufete y esa noche apenas dormí. Al día siguiente, en Sala, el juez me espetó una pregunta embarazosa. En un acto reflejo, respondí: “Sí, señor Cangrejo”. Una estruendosa carcajada resonó en la sala, mientras el juez fruncía el ceño y lanzaba su dardo venenoso: “Un poco de orden Calamardo, o lo envío al fondo de Bikini”.

 

 

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