Venganza de Muerte

Eva M¡¦ Pedraza Jiménez · Madrid 

— ¡Quiero denunciar a la Muerte!— exclamó el muchacho— La constitución lo dice, ¡tengo derecho a la vida! Ella casi se me lleva por delante en un par de ocasiones y… El policía se rió. “Prevención muchacho, esa es la solución a tu problema. Y una visita al psiquiatra también, ¿no crees?” Cuando me lo contaron no quise creerlo, y, sin embargo, allí estaba yo: un importante abogado defendiendo a un chaval estúpido, con la Muerte, oscura y negra, sentada en un extremo y con el Magistrado, incrédulo, escuchando. Y encima el chaval ganó el juicio. ¡Qué narices! La Muerte sería destituida de su cargo. Inquietante. Poco después murió asesinado. La Muerte sólo dejó un charco de sangre sobre la impoluta nieve. Parecía pintura, roja y pegajosa. El chico había ganado el juicio, pero había perdido la vida. Nadie puede ganar a la Muerte, pensé. Ya decía yo.

 

 

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