Némesis

Beatriz Fernández Magdaleno · Málaga 

Cuando el letrado Isidoro Barriga supo quien iba a ser el magistrado que instruiría la causa, sus esperanzas de ganar el caso se derritieron como un muñeco de nieve bajo el sol del mediodía. El juez Galán era sin duda su bestia negra. Con Galán le era imposible ganar un caso. No lo quería ni en pintura. Más que un juez era un avatar de la perfección humana, fuerte como Sansón y justo como Salomón. El titán, ídolo de secretarias y símbolo de equidad, había sido apodado “el niño mimado de la diosa Justicia”. Jamás una toga le había sentado tan bien a nadie. Isidoro, de constitución rechoncha, se miró resignado al espejo y ocultó cuidadosamente sus entradas con ayuda del peine. Hizo unas gárgaras como prevención de la halitosis, ajustó la corbata en torno a su rollizo cuello y partió hacia los juzgados donde le esperaba una nueva derrota

 

 

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