Equilibrio familiar

Carlos Arnal Vivas · Villanueva de la Cañada, Madrid 

Mi padre fue futbolista y mi madre magistrada. La mayor ilusión de ambos era que sus hijos siguieran sus pasos, así que yo decidí hacerme juez de línea. Para mi sorpresa su decepción sólo fue comparable al resentimiento que se guardaron desde entonces por considerarse mutuamente culpables de mi decisión. Por eso con mi hermana pequeña, Nieves, mi madre no quiso correr riesgos innecesarios y, como prevención, decidió abandonar a mi padre al confirmar que estaba embarazada. “No te quiero ver ni en pintura” le dijo al echarle de casa. Por fortuna para ella la débil constitución de mi hermana nunca le permitió realizar grandes esfuerzos físicos, y al final pudo cumplir su sueño de verla terminar la carrera de derecho y convertirse en una abogada de reconocido prestigio. Aunque eso sí, de la defensa, como a mi padre le gustaba recordarle cuando coincidían con secreta satisfacción.

 

 

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