Enamoradizo

Jordi Torrents Reynés · Terrassa 

La acusada tiene una piel fina y unos ojos vivos y centelleantes que conviven con un pelo que, recogido, es todo orden y simetría, un ángel con los brazos extendidos bajo la nieve, líneas rectas de nadadora que sale feliz de la piscina después de ganar los 100 mariposa, una constitución frágil, tierna. Inocente, claro. Con el pelo suelto, aparece el caos, la duda, el mechón rebelde que tapa esos ojos, para convertirlos en desconfiados, en huidizos, en una pintura aterradora, quebrada. Culpable, entonces. Por enésima vez, el magistrado llama la atención al joven y enamoradizo abogado. Le reclama prevención y le recuerda que ya facilitó la absolución de esa asesina en serie que lanzaba miradas de lástima y que, de nuevo en la calle, ya despeinada y sin la coraza que le otorgó un carísimo maquillaje, pudo escoger a una nueva víctima.

 

 

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