Deformación profesional

Marta Trutxuelo García · Andoain (Gipuzkoa) 

Ella era dependienta en un puesto de frutas y verduras, él era perito grafólogo y colaborador del fiscal de distrito. A ella le gustaba él: le ofrecía la mejor de las sonrisas junto a la fruta de temporada. A él le gustaba ella: adoraba su forma de elegir las naranjas y siempre le sorprendía descubrir las fresas y cerezas que ella le regalaba, camufladas entre el resto de la compra. Al despedirse, ella le enviaba un beso imaginario y él albergaba la ilusión de recibirlo. Un día, él le entregó un papelito al pagarle una piña: “¿Querrás cenar conmigo?”. Y ella escribió debajo: “Sí, ven a buscarme al finalizar el turno”. Ella esperó y esperó, pero él no apareció. Él dedicó las horas de espera a estudiar la letra de su amada y descubrió, horrorizado pero aliviado, evidentes signos de personalidad homicida. Desde entonces es incapaz de probar la fruta.

 

 

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