De mayor

Marta Isabel Sánchez García · Madrid 

La única prueba que incriminaba al presunto asesino era una tostada mordisqueada que yacía en el suelo de la cocina. Según el relato del fiscal, el acusado abandonó precipitadamente la escena dejándola caer. La abogada subió al estrado y procedió a la práctica de la prueba: – Ahora verán ustedes como una tostada cae siempre del lado de la mermelada. En eso tiró al suelo varias veces un panecillo untado y todos pudieron comprobar lo cierto de sus palabras. Los murmullos de sorpresa despertaron al juez que hasta entonces dormía como una marmota. – Esto demuestra que la tostada no se cayó. La dejaron a propósito boca arriba para incriminar a mi cliente –dijo la abogada triunfante. Ante semejante prueba el fiscal no tuvo otro remedio que retirar los cargos y el acusado pudo salir de la cárcel. – ¡Y sin fianza! –sentenció el Juez que ya se había espabilado.

 

0 Votos

 

Queremos saber tu opinión