Tortuga y liebre

Juan Francisco Mármol Aroca · Vélez-Málaga 

Los indicios apuntaban a lo que resultaba evidente. Tortuga ganó la carrera, mas no porque Liebre alcanzase la meta después que ella… simplemente Liebre nunca llegó. Tras arduas investigaciones realizadas durante siglos se confirmó que como consecuencia de la lluvia, Liebre, en su febril carrera, resbaló produciéndose un esguince, lo cual fue aprovechado por Tortuga, que, conocedora de que pese a tal lesión, en un alarde de valentía, Liebre podría vencerle, extrajo de su caparazón un calcetín sucio con el que le envolvió cabeza, asfixiándola, deshaciéndose del cadáver ocultándolo tras unos arbustos. Las tortugas son longevas, y nuestra protagonista lo es con creces, pues aún vive. En su alegato inculpatorio en el juicio manifestó que Esopo fue su cómplice “para sacarse unos cuartos”, pues el resultado inverso en la carrera no le habría reportado nada. La Sentencia se dictó en voz. Anoche el Juez cenó sopa… de Tortuga.

 

 

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