Cada seis meses

M. Karmele Muñoa Arrigain · Bermeo (Vizcaya) 

Mishi recordaba con tristeza los lejanos días de lluvia en los que su ama preparaba sus causas; dichosos días en los que podía pasar horas rozándose con sus suaves medias de seda o ronroneando en su cálido regazo. éltimamente, no tenía más que montones de calcetines sucios con los que frotarse, mientras la tortuga le escrutaba con indiferencia. Hacía ya cinco meses que no oía aquella palabra que le ponía tan contento porque pensaba que le estaban dando ánimos: ALEGATO. El pobrecito, a pesar de los innumerables indicios y su asombrosa inteligencia, tardó en comprender que, para entenderlos, debía fijarse en el tono de sus amos, más que en las propias palabras. Y aunque era tan inteligente, jamás entendería por qué el juez que a veces visitaba a su amo, decidió declarar la custodia compartida, cuando el pobre Mishi prefería las medias sedosas a los calcetines sudorosos. ¡Cosas de Humanos?!

 

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