A puerta cerrada

Adelaida Giménez Rodríguez · Alicante 

Todos estaban dentro. La defensa representaba a un homicida. La acusacion particular era la madre de la víctima. El Ministerio Fiscal alguien melifluo.- Su Señoría apareció arrastrando algo semejante a una cola de lagartija que azarosamente intentó enroscar bajo un calcetín. Sus ojos eran profundamente caídos, como de tortuga. Las manos no se avistaban desde los estrados, pero el agente judicial percibió indicios de unas enormes garras como de gárgola fetiche. Mientras la defensa preparaba su alegato, los banquillos izquierdo y derecho fueron succionados por una lluvia de lenguas que se relamían abiertamente. Nadie supo reaccionar al festín que velozmente se desarrollaba en la sala. La monstruosa cola, ahora visible, viscosa, engulló las cabezas de fiscal, abogados y público. Todo acabó en cinco minutos. El juicio más corto de la historia del Juzgado.- Sólo el agente, antiguo interno veinticuatro del psiquiátrico local, se salvó de lo… ¿ocurrido?

 

 

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