INTERIOR Y EXTERIOR

Pablo Párez Arnáiz · BARAKALDO 

No tomó postre. Simplemente café para aguantar la jornada de huelga que se avecinaba. El palacio de justicia quedaría colapsado, por tanto el plazo de suplicación debería posponerse. Aprovecharía para cobrar el reintegro de la lotería en la administración cercana. Inútil, también estaban en huelga. Apuró el café, no se lo confiscaran los piquetes. Toda la ciudad estaba paralizada y su cabeza estaba a punto de paralizarse también. Su cerebro no discernía entre desafíos legales, motivos morales, argumentar declaraciones o contrainterrogatorios del fiscal. Adivinó que cuando se para la vida exterior de las calles, la vida interior de uno mismo también se para: …él, que había destinado el vacio de la huelga para preparar argumentos que dieran solidez a la defensa. Pero sin ruido de autobúses, humo de cafeterías o bullicio de escaparates no somos nada. Sin los demás, no somos nada y no podemos pensar ni vivir.

 

 

 

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