¡En plena lucha!

Javier Yuste González · PONTEVEDRA 

Por muy buen abogado que te creas, en la mayoría de las ocasiones no sacas ni para el reintegro de la “Loto.” Y ésta era una de esas bastante delicadas en la que puedes llevarte un buen planchazo. Hasta el plazo para recursos de suplicación había expirado y la posibilidad de una solución pacífica y amistosa quedó ya enfangada desde el primer minuto de partido. Enrabietado, me arranqué la toga y la arrojé al suelo, en señal de infantil pero decidida oposición. No me quedó otra que unirme a mi cliente y lanzarme a la calle con el puño en alto y gritando “¡HUELGA, HUELGA!” Por supuesto que tal atropello no lo toleraría de ninguna manera: ¡No iba a permitir que mi mujer le privase a mi hijo de postre como castigo y, mucho menos, a mí también “por simpatía”!

 

 

 

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