Un buen trato

KALTON BRUHL · HONDURAS 

Mi hermano y yo no podríamos haber sido más diferentes. Algo así como comparar el tumultuoso humor de un carnaval con la solemnidad de una representación de la Pasión de Cristo. Un inventario de cualidades no me sería muy favorable: ¡l era un exitoso abogado que tras la primera cédula de citación ya tenía ganado el pleito, yo era un vagabundo sin remedio. Pero fue él quien cometió un crimen. Yo no tenía nada; él podía perderlo todo. No tardé mucho en tomar una decisión. Desde entonces me visita cada semana y me cuenta hasta el último detalle de su vida. Somos gemelos idénticos, así que es fácil imaginar que soy el hombre de las fotografías. Yo nunca habría tenido una vida como la suya, pero ahora, rodeado por los ladrillos de mi celda, puedo soñarla como mía.

 

 

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