ASÍ NO MÁS, ABOGADO

Carlos Castrillón · Medellín (Colombia) 

Habían sido treinta y tres años en el ejercicio del derecho como litigante y siete más como fiscal y juez. Sentado, detrás del clásico escritorio, se le notaba cansado. Reservado, miraba la calle a través de la ventana del despacho. Su vida parecía un viejo y pesado volumen de códigos, leyes y normas. Ejercía la abogacía con apatía. Le era indiferente si ganaba o perdía pleitos. El prestigio adquirido le proporcionaba suficientes, jugosos negocios. Dos laboriosas secretarias y dos pasantes sacaban adelante los procesos. Se limitaba a supervisar, firmar. Pero él obtenía los laureles como abogado. Carecía de vitalidad para habilitar la brillantez del jurista de antaño. Tenía la recóndita sospecha de estar acabado, consciente de haber perdido la concentración. Era el momento del retiro. Comprendió que cuarenta años de ejercer la abogacía, habían sido suficientes para perder la pupila: «no saber ya qué era de verdad un abogado».

 

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