Locura circense

William Teixeira Correa · Montevideo (Uruguay) 

Enfermo de celos, esperaría a que terminara la función nocturna. Sabía que el payaso y la contorsionista se veían a escondidas todas las noches en la casa rodante de ella. Los sorprendería desnudos, asquerosa y grotescamente entrelazados. Encendería la motosierra, que habría tomado prestada del mago, quien la usaba para partir en dos a su esposa todas las noches. Los descuartizaría. Arrojaría luego sus pedazos a la jaula de los leones, quienes los devorarían gustosamente. Aquello dirimiría definitivamente el contencioso que mantenían. Luego planificaría la mudanza y abandonaría el circo. Y mientras imaginaba el desenlace, bebía con deleite la limonada que había preparado con los limones del último número del malabarista. El código penal castigaba con cadena perpetua semejante crimen, como ex abogado lo sabía bien, pero sin reo no habría castigo. Había llegado la hora. Pero, ¿y ese ruido? ¡La motosierra! ¡El mago saliendo de la casa rodante… ensangrentado!…

 

 

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