La Toga

Victor Esteban-Infantes San Martin · Madrid 

‘-¡Que pase el siguiente!-. La llamada fue como un resorte que me lanzó de la silla hacia la pequeña consulta, no podía aguantar más las furtivas miradas de los otros pacientes. En la consulta resaltaba la camisa amarillo limón del doctor, más apropiada para un payaso que para un médico, pero qué podía decir yo, que me presentaba con la toga puesta. -Usted dirá…, abogado-, dijo el doctor con cierto retintín. -Ayer tuve la vista de un contencioso, un asunto de licencias para una mudanza; como hacía mucho calor, el abogado del Ayuntamiento solicitó permiso para quitarnos la toga. Por putear, dije que iba contra el código, y permanecimos con la toga puesta. Al salir del juzgado fui a mi despacho, después a mi casa, ha pasado una noche y…, ¡no puedo quitarme la toga!.- El doctor quiso acompañarme para hacer unas pruebas, pero no pudo quitarse la bata.

 

 

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