La consulta

Pablo Canales Gil · Marmolejo (Jaén) 

Acalorada por la mudanza me tomé un refresco de limón. Después, coloqué el último trasto encima del sofá: un payaso de trapo al que mi hijo le tenía mucho cariño. Entonces me dediqué a preparar la comida. Pronto llegarían todos con bastante apetito. Hice unos filetones a la plancha. Poniendo la comida en la mesa apareció un perro y me arrebató los filetones. Siguiendo al animal me metí en la casa de enfrente, donde un abogado tenía su bufete. Le pregunté si era lícito que su perro entrase en mi casa y se llevase la comida. Comedido, repuso que un Contencioso tan simple no precisaba del Código Civil para resolverse. «¡¨En cuánto valora la comida?» «En 30?», contesté. Me los entregó. Pero cuando iba a salir me increpó: «Un momento, señora. Yo le he pagado. Sin embargo, usted no me ha abonado la consulta» Perpleja, pregunté: «¡¨Cuánto es?». «50?», respondió.

 

 

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