Gloriosa despedida

Paula Oliván Sancho · Barcelona 

Preparando la mudanza, apareció un código civil de pergamino, edición de 1932. Me lo regaló Don Serafín, para el que trabajé de pasante, después de su última vista ante los Tribunales: “Aquí tienes todo lo que necesitas para ser un buen abogado”. Él era un hombre sabio en una época en la que toda la legislación cabía en dos tomos. Recordé como aquella mañana, antes de partir hacia la Audiencia, hizo gárgaras con agua y limón para aclarar la voz, se ajustó la pajarita y se caló el sombrero. Sostenía que llevar un asunto contencioso era como actuar en un gran teatro. Cuando lo vi entrar en la sala, engalanado con la toga, empecé a hacerle señales desde el público. Pero él no me veía con sus ojos septuagenarios. “Señor letrado», le dijo el joven y petulante magistrado, “haga el favor de quitarse el sombrero, ¡parece Usted un payaso!”

 

 

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