Extraña jurista

Antonio Díez Nuñez 

Tenía cierto malestar físico. Quizás el último contencioso y la mudanza al chalé, le habían dejado extenuado. Una extraña y hermosa joven se mudó el mismo día junto a su casa. Se miraron y por un momento pareció insinuársele. “No puede ser ya soy mayor”, pensó. La sorpresa fue cuando al día siguiente en el juicio de un oscuro caso de asesinato, apareció como defensora. Conocía el código punto por punto. Se movía con sutileza por la sala cautivando al jurado y dejó al juez con cara de payaso. Al marcharse le miró a él provocadoramente. Furioso la siguió en el coche hasta un lúgubre local. Allí estaba, sentada con un escote y una minifalda de infarto. Pidió algo con limón y subieron a otra estancia. Excitadísimo, se quitó la ropa. Ella, sonriente, se desabrochaba el abrigo. Él, sorprendido, descubrió entre el forro el filo de la guadaña.

 

 

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