Don Pippo

Luis Miguel Helguera San José · Valladolid 

Después… me procesaron por prevaricación. Yo era abstemio y mi cordura empezó a depender fatalmente del tequila con limón; un impenitente mujeriego que envejece ahora en los abismos de la soledad. Estudié con los jesuitas y no he dejado de hacer mudanza en época de desolación. Un prestigioso jurista al que la vida le cambió la toga y las puñetas de encaje por pelucas de colores y zapatones. La Sala del Tribunal Contencioso-Administrativo por una carpa de circo. La Justicia por la sonrisa de un niño… Ahora el espejo me devuelve la grotesca imagen de un payaso compasivo, un imparcial magistrado con nariz roja, un Augusto ecuánime y clemente que respetó los códigos de la conciencia para huir de sí mismo… Al terminar su performance, don Pippo se caló el sombrero, recogió su maletón y dio media vuelta hasta desaparecer, mientras niños y mayores se desternillaban de la risa.

 

 

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