Aire, aire fresco

Juan Antonio Pérez Morala · Madrid 

Mi amigo Gordon, abogado neoyorquino, pasó por Madrid y comimos juntos. Hablamos de nuestra profesión. Apurando su café, me dijo crítico: – tengo la impresión de que vuestros juicios son muy rígidos y formalistas. Cuando pienso en la escasa libertad de movimientos del abogado español siento claustrofobia. Asentí, porque de siempre he tenido una sana envidia de mis colegas norteamericanos. Cuando actúan en estrados, tan naturales ellos, me parece verlos pasear por el Retiro. – Creo que tienes razón. Si nuestra justicia tuviera rostro de fruta, ésta sería un limón. Aquí el letrado actúa tan encorsetado que a ti, con tus expresivos gestos, nuestra diosa vendada te percibiría un poco payaso. Gordon, sonrío: – quizás sea hora de hacer mudanza, de que el juez os quite el código de entre las rodillas. – Sí, – le concedí, devolviéndole la sonrisa – éste es un contencioso que almidona nuestras inquietas togas.

 

 

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