Imagen de perfilAño 2032

José María Izarra Cantero 

Subió el estor. Transparencia atmosférica máxima. Al aseo. Se detuvo brevemente ante el espejo para observar el cartón de su cabeza. Ni un hierbajo residual. Resignación. Se vistió a trochemoche. Después de otear la surtida mesa del desayuno (pastillas de todos los colores), prefirió echar mano de una piruleta y salir disparado hacia la ciudad de la justicia. Estaba citado a las nueve ante la Ilma. Máquina Sentenciadora nº 7 y aún tenía que convertir su alegato a PDF para, en tiempo, enchufárselo a su señoría vía USB. A menos cuarto ya estaba en el pabellón de lo Penal. Elevada concurrencia. Guirigay. Encendió el portátil. “Su sistema informático se va a actualizar a Windows 25. Espere a que finalice el proceso”. “¡Adiós defensa!”, se dijo. A su cliente iba a caerle la del fiscal. Cumplido el protocolo, nueve y cuarto en punto, la máquina emitió su veredicto: “Su tabaco. Gracias.”

 

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