Hazme un favor

Rafael García Martín · Algorta (Vizcaya) 

Recuerdo con nostalgia la primera vez que vi al mago del juzgado, esa especie de demiurgo que controla todo el tinglado de la justicia. Fue hace más de diez años, la víspera de un señalamiento, una absolución que yo creía imposible. Me ofreció un colgante dorado, un extravagante amuleto en forma de cubo. “Mientras lo lleves encima, no perderás un caso. A cambio sólo te pediré algún favor”, me dijo sonriendo lascivamente. Desde entonces fui la admiración en toda Europa, hasta que mi mujer, hastiada de verme más en la televisión que en su alcoba, me pidió el divorcio. Sonreí magnánimo y decidí no excederme con ella en los tribunales, pero esta mañana, en la vista preliminar, he descubierto con horror el brillo metálico del amuleto pasando de las manos de mi mujer a las de su abogado y en ese mismo instante he comprendido que lo había perdido todo.

 

 

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