Susana

Carmen Reija López · A Coruña 

En su pequeño quiosco de pueblo aquel letrado frustrado leía novela negra, de mafiosos y espías, mientras comía gominolas como un poseso. En esas andaba cuando vio pasar aquel descapotable rojo a la velocidad de un cohete. Era Susana, la guapa abogada, ahora cincuentona, que hizo nacer en Tomás –el quiosquero- su vocación por el Derecho. Aquella prestigiosa letrada, socia de un importante bufete de la capital, era una feminista radical, pero también una devoradora de hombres. Tomás apoyó sobre el mostrador la novela que estaba leyendo y salió presuroso a la calle para llegar a ver solo la estela de aquel flamante deportivo que se alejaba de su vida. Suspiraba por Susana, pero era consciente de que ella seguiría devorando otros hombres y él nada más que gominolas. Eso decía la inapelable sentencia que dibujaba su destino.

 

 

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