No te vendas

Francisco Lorenzo Parada · Santiago de Compostela 

Rodeado por aquellas cuatro paredes, conocí la sentencia: culpable. Varios testigos, una víctima y una persona que supongo hizo el papel de letrado habían expuesto los hechos que dictaminaron mi condena. Hoy no puedes fiarte absolutamente de nadie. A uno de aquellos testigos lo había creído mi amigo. Y me había traicionado. Le habían pedido que me siguiera de cerca como espía por si recaía en otra conducta conflictiva. Y él se había mostrado de acuerdo. No le importó que después lo mirase como a un traidor. Parece mentira que te haga eso alguien que ha vivido tantas primeras cosas contigo: compartir en el bingo vuestro primer boleto premiado, encender vuestro primer cohete en la feria del pueblo… Y qué importará lo que pueda prometerte un profesor si pierdes a un amigo porque te acusa de haberle robado una maldita gominola a un párvulo en el patio del colegio.

 

 

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