El letrado Cortés

José Aristóbulo Ramírez Barrero · Bogotá (Colombia) 

“Sólo a usted se le ocurre agasajar a Lucas con esa pavada de regalos. La gominola estropea las muelas, el cohete produce quemaduras, un trompo… caramba, un trompo a estas alturas del partido…” Con estas palabras cargadas de resentimiento, el letrado Cortés fue expulsado de casa de su hija. Nuestro hombre, antaño diplomático a ojos vista y espía profesional tras bambalinas, retirado del ruido, pretendía reparar siendo abuelo los yerros que cometió siendo padre. No fue posible. La hija fue inflexible… “Váyase, aquí no lo necesitamos”… Afligido y vencido una voz infantil le devolvió el aliento… “Aguarde, letrado, iré con usted”… Cortés miró al niño y le dijo… “Albricias, ese gesto tuyo me ha salvado la vida. Haré de ti el mejor abogado y espía del planeta”… “Soy Andrés, el hijo de la sirvienta”. “No me importa quién seas sino lo serás”. “Ven, ayúdame a echar a volar este cohete”…

 

 

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