Vida eterna

Felisa Moreno Ortega · Alcaudete (Jaén) 

Antes de convertirme en un espectro, fui abogado. Mi especialidad, salvar a indeseables acusados de delitos de malversación fondos. Políticos corruptos, funcionarios sin escrúpulos, dirigentes de ONGs que olvidaron su honrosa misión… En la jurisdicción en la que trabajaba, los fiscales me temían como a un sarpullido en las ingles, preferían pagar una multa por aparcar en zona azul, esas que nadie abona, antes que enfrentarse a mí y a mis métodos, no siempre legales. El morbo del éxito me había cegado, los elogios de mis clientes, las cenas de agradecimiento, las fiestas privadas, los regalos caros… Entonces no imaginaba que tendría que compartir con mis defendidos la vida eterna. Son fieras hambrientas, aprovechan cualquier oportunidad para despojarme de mis escasos bienes. Lo último fue arrebatarme la toga, ahora vago desnudo por los pasillos de los juzgados, entre las risas de los fantasmas de abogados honrados.

 

 

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