Una nueva vida

Rafael García Martín · Algorta (Vizcaya) 

Hace unos meses defendí a un cliente acusado de malversación de fondos alegando erróneamente que el caso excedía la jurisdicción del tribunal. El acusado terminó en la cárcel y yo, siempre impertinente, fui condenada por desacato. No pudiendo pagar una multa exagerada, permanecí en el calabozo del juzgado hasta que, por la mañana, un funcionario abrió la puerta diciendo: “tu marido ha pagado la fianza”. Yo sabía que no estaba casada, pero no dije nada y salí. Un hombre apuesto me besó en la mejilla y susurró con cariño: “vamos”. Le seguí con una mezcla de curiosidad y aprensión, temiendo que se tratara de un espectro, pero poco a poco fui venciendo mis recelos y he terminado por acostumbrarme a una vida feliz que yo sé que no es la mía. Debería hablar con él, aclararle que no soy su mujer, pero me da tanto morbo acostarme con un desconocido…

 

 

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