Un día cualquiera

Jose Merchán Boto · Badajoz 

Caminaba en ese amanecer aún recién anochecido de invierno bajo la luz de farolas mortecinas que le daba a uno ese aspecto de espectro, de fantasma con sombra. Malversación, malversación, malversación, esa palabra le martilleaba la cabeza una y otra vez. No negaba que le daba cierto morbo enfrentarse con su antiguo jefe, pero era su primer asunto grande desde que abrió el despacho y le daba cierto vértigo. Repasaba mentalmente todo lo que le había enseñado, además de contar los hechos de forma ordenada, había que tener en cuenta jurisdicción, competencia, legitimación. Jurisdicción, competencia,?PIIIIIIIIIIIIIIIIIIII PIII, ¡guau! Ese coche sí que había pasado cerca. Aquel incidente le sacó de su ensimismamiento y lo devolvió al mundo real. Lo cotidiano, eso también daba vértigo. Trote suave, tic-tac, un día cualquiera?Se acordó que tenía que comprar pan, pagar la multa de aparcamiento, llamar al cura. Comprar, pagar, llamar, comprar, pagar, llamar?

 

 

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