Hastío profesional

Enrique Díaz Pascual · Barcelona 

Ser abogado en la jurisdicción del inframundo es bastante monótono. No hay cárcel (bastante tienen los espectros con vagar sin rumbo), ni pena de muerte (sin comentarios). Los conflictos acostumbran a resolverse con un acuerdo entre las partes (aunque no estén completas: ver precedentes sobre jinetes sin cabeza) o, si hay juicio, en una multa consistente en una terapia de ética del más allá impartida por la Parca (tiene su morbo, pero es mortalmente aburrido). Sólo en casos de malversación de almas o de muertos vivientes sin permiso de residencia, hay sentencias condenatorias al limbo (para los primeros), y repatriación (para los segundos). Vamos, que para un abogado inquieto, sentirse realizado profesionalmente, resulta difícil. Por ello, y aún a riesgo de acabar quemado, he decidido preparar oposiciones para abogado del Diablo.

 

 

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