De madrugada

Nuria Gómez Lacruz · Madrid 

Marta volvió a despertarme de madrugada para un asunto urgente. Abrí la puerta en pijama y se abalanzó sobre mí: “Abogado, sálvame”. Mientras me desnudaba comenzó a contarme el lío en que estaba metida. Con sus labios, sus dedos y sus nalgas iba provocando en mi cuerpo todo un espectro de hormigueos y agitaciones, mientras continuaba su relato entre jadeos. Solía decir que si me planteaba así sus asuntos legales no era por morbo, sino para desatar mi inspiración y ayudarme a elegir la mejor línea de defensa. Esta vez no era una multa de tráfico, era malversación de fondos. “Tendrá que ocuparse Jacinto, es un tema de su jurisdicción”, dije. “¿Ese chico tan cachas del despacho, al que alquilaste el apartamento de Lagasca?”, preguntó. Nada más decirle que sí Marta recogió su ropa y salió corriendo sin despedirse, medio desnuda, mientras pedía un taxi por teléfono

 

 

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