Sin chimenea no hay humo

Bernardino Martínez Crespo · Santiago de Compostela 

París, Bruselas, Berlín, ¿Madrid?… Sí, definitivamente estoy en España, en un juzgado español porque en vez de vasos de agua en las mesas, hay un botijo en mitad de la Sala. Llama mi atención la Secretaria: “Luís, 30 años, nacionalidad española… ¿sabe de qué se le acusa?”. Si claro, de daños en propiedad ajena, concretamente de hacer una hoguera en el comedor del piso alquilado. Pero yo no estaba preocupado porque mi abogado era Borjamari, amigo de la infancia, eso sí, era tan pijo, tan pijo que se hizo abogado por lo bien que le quedaba la toga; y gracias a su didáctica y efectiva defensa la cosa quedó en nada: “mi defendido no prendió fuego sino que tuvo que quemar unos papeles para poder decorar el comedor de “negro chimenea””. El juez quedó sorprendido y convencido; desde entonces soy su decorador.

 

 

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