Pocas esperanzas

Ignacio Vidal Gran · Granada 

Caso de prostitución. A mi cliente, una señorita de nacionalidad dudosamente comunitaria no se le ocurrió otra cosa que embutirse en un modelito propio de lupanar, mientras ignoraba las miradas de los presentes, que escudriñaban disimuladamente en la profundidad de su generoso escote. Desde luego no eran las mejores circunstancias para presentar el caso. Por unos momentos, ya entrando en la sala el contornear de sus asentaderas al andar hizo crepitar la chimenea hace tanto tiempo apagada debajo de mi toga. La cara del juez tampoco parecía ayudar mucho, hinchado como un botijo después de esas copiosas cenas y con una evidente falta de sueño. “ Señoria, mi cliente se dedica a una actividad didáctica …” No pude terminar. El juez desestimo la demanda directamente y nos pidió acercarnos al estrado. Solo recuerdo tres palabras con un suave acento eslavo de mi cliente al juez, “Ayer fue maravilloso…”

 

 

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