Imperdonable

Irma Miranda Betancor · Las Palmas de Gran Canaria 

Compartí la piscina climatizada del hotel con bailarines de todas las nacionalidades del Ashami Maki Ballet de Tokio hasta la hora de cenar en el casino. Por fin me había invitado el millonario cuarenta años mayor que yo que vive en el hotel todo el año. Deseaba que me quitara la toga deslizándola sobre mi lencería de encaje y pedrería, junto al fuego. ¡¨Habría chimenea en su habitación?. Sus ojos me refrenaban: delataban ausencia de principios. Asistió un notario. -¡Camarero! Pagaré la cuenta del juez de la mesa de enfrente-éste aceptó. -La documentación sólo te permite optar a adjudicaciones de obras públicas de trescientos mil euros. Redactaré copias fingiendo una errata: escribiré seiscientos mil. Daré fe pública. Verde y con asas, botijo, pensé. Planeaban un delito. Predicaban una didáctica apropiada para un aprendiz de mafioso, no para una abogada principiante. Nunca les perdonaré que me robaran el idealismo.

 

 

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