El otro lado

Felix Fernández Maqueda · Madrid 

Había colgado la toga para dedicarse al negocio, era uno de esos abogados ambiciosos que había dado el salto del urbanismo a la promoción inmobiliaria, de esos que se pasan al otro lado para ganar dinero de verdad. Dicen que se puso a sueldo de un promotor de nacionalidad rusa, que se trasladó a Alicante y que se echó una novia también rusa. Que compraba y vendía fincas rústicas, que había pasado de relacionarse con abogados, procuradores y jueces, a hacerlo con políticos, apis, tasadores, amigos de la noche y del buen vivir. Dicen que conocía mejor que nadie la didáctica del agente urbanizador. Su joven cadáver yacía junto a la chimenea de su chalet de lujo, con la cabeza destrozada. Al parecer el arma del delito había sido un botijo cuyos pedazos rotos descansaban a su lado. De aquélla trágica manera se nos había ido al otro lado.

 

 

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